Ya empezamos.

Amazon ha conseguido que las editoriales no controlen el precio de los libros electrónicos, que se venden todos por 9’99$. Éstas pretendían cobrar sus ediciones electrónicas más caras que las de papel. Ahora llega Apple, que había conseguido con la música lo mismo que Amazon con los libros, y con su iBookStore destroza el logro de Amazon permitiendo que los editores pongan los libros al precio que les dé la gana. Diez dólares por una edición electrónica es un robo. Luego se quejarán de la piratería, pero nadie va a pagar un precio abusivo por algo que se puede conseguir gratis con suma facilidad. La guerra por los derechos y la persecución estéril llega ahora para aburrir también a los lectores. Lo triste es que hay gente que no tiene nada que ver con el sector –que defiende sus propios intereses– y que piensa que es legítimo que sea el espectador quien pague la autoría de algo que se ha publicado voluntariamente. Es de locos.

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