―Ahora dejadme que os hable de mis vacaciones. En el viaje que hicimos, tuve la oportunidad de rozarme las narices con mis viejos de la mañana a la noche, y por primera vez en mucho tiempo. ¡Padres! Pensad por un minuto en ellos: son capaces de hacerle vomitar a uno. Los padres son el mal mismo; representan todo lo feo que hay en el hombre.
»No existe nada parecido a un padre bueno, pues el papel de padre es malo en sí mismo. Padres estrictos, padres blandos, padres agradables y moderados… son todos a cual peor. Se plantan en medio de nuestro camino hacia el progreso, tratan de cargarnos con sus complejos de inferioridad, con sus aspiraciones insatisfechas, con sus resentimientos, con sus ideales, con las debilidades inconfesadas, con sus pecados, con sus sueños más dulces que la miel, con las máximas que no han tenido el coraje de seguir… Les gustaría descargar en nosotros toda esa porquería. ¡Toda! Ni siquiera son diferentes los padres más negligentes, como los míos. Les remuerde la conciencia por no haber hecho el menor caso a sus hijos, y quieren que los chicos entiendan cuán intenso es su dolor. ¡Quieren compenetrarse con ellos!
»En Año Nuevo fuimos a Arashi Yama, en Kyoto, y cuando estábamos cruzando el puente de las Lunas le pregunté al viejo: “Papá, ¿existe alguna finalidad en la vida?” Ya véis adónde quería ir a parar, ¿no?; lo que en realidad quería decir era: Padre, ¿puedes darme siquiera una razón para seguir viviendo? ¿No sería mejor desaparecer cuanto antes? Pero una insinuación de primer orden nunca logra llegar a un hombre así. Se limitó a mirarme sorprendido y con ojos de loco. Odio ese tipo de ridícula sorpresa adulta. Y cuando respondió por fin, ¿qué creéis que me dijo: “Nadie va a proporcionarte una finalidad en la vida; tienes que encontrar una por ti mismo”.
»¿Qué os parece esta moral estúpida y trillada? Se limitó a apretar un botón y ¡ahí tenéis!; con una sola frase se quitó de encima toda la responsabilidad de un buen padre. ¿Habéis mirado alguna vez a sus ojos cuando sucede algo parecido? Sospechan de todo aquello que pueda ser creador; tratan de cercenar el mundo hasta reducirlo a algo mezquino y fácil de manejar. Un padre es una máquina de ocultar la realidad, una máquina de urdir mentiras para los niños. Pero eso no es lo peor: íntimamente cree que representa la realidad.
»Los padres son las moscas de este mundo. Sobrevuelan nuestras cabezas a la espera de una oportunidad y, cuando descubren algo podrido, caen sobre ello zumbando y hozan en la carroña. Sucias, lascivas moscas que van aireando a los cuatro vientos que han jodido con nuestras madres. Harían cualquier cosa para contaminar nuestra libertad y nuestras facultades. Cualquier cosa para proteger las sucias ciudades que han construído para sí mismos.
Comentarios del blog proporcionados por Disqus