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Desde la más oscura noche de los tiempos, las mujeres de toda casta habían dicho estas palabras a los marinos en todos los puertos. Palabras de dócil aceptación de la autoridad del horizonte, de atolondrado homenaje a aquella misteriosa frontera azul. Palabras que, aun en las mujeres más altivas, jamás dejaban de expresar la tristeza, las vanas esperanzas, la libertad de la ramera:
―Partirás por la mañana, ¿no es así?
―Partirás por la mañana, ¿no es así?