―El marino es tremendo. Es como un animal fantástico recién salido del mar salpicando y chorreando. La otra noche lo vi acostarse con mi madre.
Noboru empezó un agitado retrato de lo que había presenciado. A pesar de las caras impasibles, sintió los ojos fijos en él, reparó en los esfuerzos que hacían para no perder palabra, y se dio por satisfecho.
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