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Recordó su pregunta: «¿Por qué no te has casado?». Y recordó así mismo su estúpida y sonriente respuesta: «No es fácil encontrar una mujer que quiera ser la esposa de un marino».
Cuando en realidad lo que había querido decir era: «Todos los demás oficiales tienen ya dos o tres hijos, leen las cartas de la familia una y otra vez y contemplan los dibujos de las casas, soles y flores que les mandan sus chicos. Esos hombres han perdido su oportunidad, ya no hay esperanza para ellos. Nunca he hecho gran cosa, pero me he pasado la vida entera pensando que soy el único hombre verdadero. Y, si no me engaño, algún día sonará en el alba un cuerno límpido y solitario, y una nube turgente, traspasada de luz, descenderá velozmente, y la imperiosa voz de la gloria me requerirá desde la lejanía… Y tendré que saltar de la cama y partir solo. Por eso no me he casado. He estado esperando y esperando, y aquí estoy, a las diez y media de la noche…»
Cuando en realidad lo que había querido decir era: «Todos los demás oficiales tienen ya dos o tres hijos, leen las cartas de la familia una y otra vez y contemplan los dibujos de las casas, soles y flores que les mandan sus chicos. Esos hombres han perdido su oportunidad, ya no hay esperanza para ellos. Nunca he hecho gran cosa, pero me he pasado la vida entera pensando que soy el único hombre verdadero. Y, si no me engaño, algún día sonará en el alba un cuerno límpido y solitario, y una nube turgente, traspasada de luz, descenderá velozmente, y la imperiosa voz de la gloria me requerirá desde la lejanía… Y tendré que saltar de la cama y partir solo. Por eso no me he casado. He estado esperando y esperando, y aquí estoy, a las diez y media de la noche…»