Verás, mientras que la mayor parte de los artesanos de los tebeos parece que tengan tan poco respeto por el funcionamiento y los mecanismos de la vida humana normal, que se sienten impulsados a mejorarla con poderes psiónicos, lo que hace Gilbert Hernandez es casi una celebración de la vida ordinaria, así como una aguda y compasiva investigación de las ricas hebras que se entrelazan entre el amor, el odio, la fortaleza y la debilidad que componen esta existencia supuestamente aburrida y banal. En lugar de gastar su tiempo detallando las hazañas de otro nuevo héroe de terribles poderes, virtudes asombrosas, vistoso uniforme y predecibles problemas de personalidad que entre todo junto suma algo incluso menor que el ser humano real más miserable y despreciable, Gilbert Hernandez hace exáctamente todo lo contrario. En vez de dejar implícito que el único heroísmo humano real proviene de la supuesta trascendencia que destilaría un estado de gracia sobrenatural, Hernandez utiliza una visión genuinamente poética para mostrarnos todas las sombreadas y ricas pasiones que pueden surgir detrás de la endeble fachada de vida normal. En lugar de subrayar nuestra propia cobardía humana comparándola con los brillantes logros de algún superviviente de poderes atómicos del planeta Zob, escapamos de todo eso con la sensación de que hemos visto nuestro propio mundo a través de los ojos de otra persona, de que hemos vislumbrado una visión del mundo mucho más conmovedora y significativa que la que nos proporcionaría cualquiera que fuese la cantidad que se nos ofrezca de pirotecnia y posturas paranormales.
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