«Supermán» existe ya, en los tebeos, como un caso clamoroso de aplicación del principio del «prefijo fantástico» (aunque sea una imitación del «superhombre» de Nietzsche, pobrecito). Pero si quieren un «supergoleador» o un «superfósforo» (capaz de dar fuego, imagino, a toda la Vía Láctea) no tienen nada más que fabricarlos.
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