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Marcos mira su cielo azul cubierto de ventanas. Una dimensión clara y definida, brillante de luz y promesas. Espacio infinito en un campo de quince pulgadas de visión, cubierto de planetas por descubrir y quién sabe si visitar en persona algún día. Es un cielo futurista, pero del Renacimiento, porque Marcos es el rey de la Creación: aquí nunca se oscurece el cielo, salvo que deje de mirar durante quince minutos. Hoy se ha pasado la noche vigilando el azul verdadero, y ahora una señal acústica le anuncia que tiene que abandonar el viaje.